Contra lo imposible

Contra lo imposible
7.8
Contra lo imposible Se centra en un excéntrico y decidido equipo americano de ingenieros y diseñadores liderados por el visionario automovilístico Carroll Shelby (Damon) y su conductor británico Ken Miles (Bale). Henry Ford II y Lee Iacocca les dan la misión de construir desde cero un nuevo automóvil con el fin de derrocar el dominio de Ferrari en el Campeonato del Mundo de Le Mans de 1966.     Contra lo imposible Critica Por desgracia LE MANS 66 (FORD V. FERRARI) no pasará a la historia. Basada en hechos reales y a partir de un libro de A.J. BAIME nos narra la historia de una de las más míticas carreras que acontecieron en LE MANS. Interesante conocer la fuerte rivalidad que surgió entre HENRY FORD II y ENZO FERRARI, una lucha que podría resumirse como el ego vs el narcisismo. También resulta atrayente el observar el trabajo de CARROLL MILES (MATT DAMON) al frente de la escudería y el de su mejor piloto KEN MILES (CHRISTIAN BALE). Como curiosidad comentar que la película, como en tantos casos, se aleja de lo que ocurrió realmente, añadiendo multitud de situaciones que de veracidad tienen poco, pero en la esencia sí que se describe gran parte de lo sucedido. Existen muchas reseñas de la verídica historia en la red para los que estén interesados. La pregunta que me hago es que tal (supongo que horrible) le habrá sentado lo que se narra a la familia Ford. Respecto al poder cinéfilo del film, es muy posible que conforte a los amantes de los coches y de las tramas automovilísticas pero por desgracia no creo que ocurra lo mismo con la mayoría de los espectadores. En mi recuerdo grandes películas de esta temática, como LA CARRERA DEL SIGLO , GRAND PRIX o la reciente RUSH, me crearon grandes expectativas, mucho más si añadimos la presencia del extraordinario CHRISTIAN BALE, de ahí que mi decepción fue mayúscula. Lo que visione podría resumirse en un cúmulo de diálogos estereotipados, situaciones predecibles, trama repetitiva y excesivo metraje. Un film que carece de alma y que se avería a las primeras de cambio. El encargado de dirigir el film es el prolífico JAMES MANGOLD, con un resultado demasiado irregular. Mención aparte está el magnífico tratamiento que se da a los vehículos, con unos diseños muy meritorios, la gran ambientación de las carreras y en especial el interesante sonido que les acompaña. Respecto a las actuaciones son adecuadas en su conjunto, por mi parte mencionar que MATT DAMON, siguiendo su línea, nunca me convence y que CHRISTIAN BALE realiza un buen trabajo pero nos tiene acostumbrados a tan espectaculares papeles que me quedo con las ganas de un poquito más.
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Mindhunter

Crimen Drama
7.7

Mindhunter Un agente del FBI, experto en asesinos en serie, inventa técnicas de creación de perfiles mientras persigue a violadores y asesinos famosos. Mindhunter Critica Para el que se vaya a poner con ella, un consejo: es una serie a largo plazo, de las cuales (igual me equivoco) pocas se hacen ya, incluso se hayan hecho, sin referirme a procedimentales o series random que se alargarán eternamente hasta que alguien ponga cordura. Hablamos de otro nivel , otro ritmo. Una serie de Netflix de la que se sentiría orgullosa HBO, aunque incluso las grandes clásicas como "The Wire" tenían temporadas a fuego lento pero bastante auto-conclusivas. Se nota que Fincher tiene mucha confianza en sí mismo y no le importa esto. En la primera temporada de 'Mindhunter' asistimos a como se va creando un nuevo departamento del FBI que analiza el comportamiento humano, mientras vemos como les afecta a sus componentes y sobre todo, cómo evoluciona la personalidad del personaje principal encarnado por Jonathan Groff. Un joven, casi más post-universitario que agente, que poco a poco se va convirtiendo en hombre, aunque falta ver si es el que él y los que le rodean hubieran querido. Junto a él, Holt McCallany, que aunque algo más cauto, no interpreta al rudo, "old fashion" y agente cliché que parece a simple vista. A los que se suma Ana Torv, que hace de mujer independiente y de carácter, con algún "secreto" personal, que realmente no importa para la trama, al igual que las relaciones de los otros personajes con su entorno, que no entran mucho más allá de lo justo y necesario para que queden bien dibujados de cara al espectador. De los diferentes asesinos que van pasando por los diferentes capítulos y entrevistas, sin duda destacar al que más minutos de pantalla tiene, con una interpretación a cargo de Cameron Britton que huele a premio de lejos. Él es para el protagonista una especie de lo que fue Hannibal para Clarice. "Antes la gente robaba y mataba por droga, una venganza, crimen pasional, pero últimamente el mundo está loco", frase de la policía de la época, aunque es un poco como lo de "antes si que se vivía mejor", que se dice y se seguirá diciendo en cualquier época. Comparativa histórica siempre haciendo caso a que lo que nos cuente se apegue a la realidad, dado que ni tan siquiera (aunque lo parezca por la cuidada ambientación) es una serie "basada en hechos reales". Finales de los 70, cuando ni se había acuñado lo de "asesinos en serie", cuando los agentes federales eran para la gente de a pie unos hombres de negro persigue hippies y cuando hablar de psicología o empatía por los pasillos policiales te hacía ser casi un paria. Porque a los criminales se les castiga y si puede fríe en una silla, sin plantearse por qué hacen lo que hacen, da igual si nace o se hace, aunque un análisis más profundo pudiera ayudar para detener a otros. Y en medio de todo esto y gracias a la confianza de un cargo al principio agnóstico (y que los policías en general se ven superados por asesinatos caóticos e irracionales que no salen en el manual), irrumpe este grupo con sus atípicos y diferentes métodos, que hoy en día son parte esencial de las investigaciones, atenuantes en muchos casos en los juicios, igual que cuando Hoover (no mucho tiempo antes de cuando sucede la serie) incorporó todo el tema de huellas dactilares y estudios forenses. Volviendo al balance general y para finalizar, el que tenga miedo de que sea una serie procedimental que esté tranquilo, es mucho más. El que espere un thriller tenso sobre asesinos en serie con un caso central que va in crescendo y remata con un gran clímax, quizá se lleve un fiasco. Pero tiene un poco de ambas cosas, con un halo de frescura y un nuevo enfoque diferente a lo visto hasta ahora en el género. Y no confundir "a fuego lento" con que sea lenta, espesa o aburrida. Aún con la mezcla de elementos y situaciones y la posible ausencia de una trama central al uso, todo su análisis moral y antropológico resulta apasionante y los episodios de devoran con avidez. Cualquier persona mínimamente curiosa, se habrá preguntado muchas veces cómo es posible que alguien sea persona ejemplar de día y descuartizador de noche, se le habrá erizado la piel al pensar que puede ser cualquiera de los que le rodean. Y cualquier persona con una relación estrecha con su lado oscuro, habrá reflexionado sobre que la línea entre ser ejemplar y un monstruo, no es tan gruesa. Y menos con los factores y empuje adecuado. Y si no, que se lo digan a Walter White. Filosofías aparte: seriéfilo y/o persona amante de los entresijos del comportamiento humano y su lado más oscuro, siéntate y disfruta con David Fincher y esta delicia llamada Mindhunter. Aunque habrá que esperar a ver la serie entera para valorar como es necesario un experimento, que acaba justo de comenzar.

Las escalofriantes aventuras de Sabrina

Drama Misterio Sci-Fi & Fantasy
7.7

Las escalofriantes aventuras de Sabrina Sabrina está a punto de cumplir 16 años y se debate entre el mundo de la magia de su familia y el mundo real de sus amigos. Historia basada en el cómic de Archie. Las escalofriantes aventuras de Sabrina Critica ¿Cómo vive su vida una bruja adolescente? La genial respuesta, que ya respondía la sitcom original y esta nueva versión a su manera, es "exactamente igual que cualquiera". Cargando miedos profundos de la mayoría de edad, casi siempre distante de las que se suponen figuras de autoridad, y con la firme idea de que ningún amigo o diversión se va a quedar atrás. 'Las Escalofriantes Aventuras de Sabrina' llega al fondo de tu adolescencia desde el primer momento en que la asocia a demonios y pactos antiguos: sí, definitivamente fue casi así, el sentir que la madurez te empezaba a robar lo que hasta ese momento estaba en su justo lugar. Sabrina, de repente, se encuentra conque, siendo bruja, tiene que atender a responsabilidades no compatibles con su novio Harvey, con su hasta ahora instituto o con reírse de películas terroríficas a la salida del cine delante de un buen batido. Todo lo de antes era una vida de prueba, un sustituto, le dicen. Ten cuidado de no quererla demasiado antes de irte, se olvidaron de añadir. Como no, todos los adultos están de acuerdo en pisotear ilusiones aunque el ánimo de Sabrina esté por los suelos: lo brillante, irónico e interesante en esta serie es que un "cariño, cómo vas a negarte a seguir al Señor Oscuro" no se aleja demasiado de un "cariño, cómo vas a estudiar esa carrera y tener tu trabajo soñado, busca algo con salidas profesionales". La tía Hilda y la tía Zelda son las encargadas de allanar el camino a un deber demoníaco que tenía que llegar, y es de aplauso cómo han logrado armonizar una dinámica de hermanas absolutamente cómico-sobrenatural con esos momentos más íntimos, más sinceros, en los que cada una a su manera deja traslucir que tampoco a ella la dejaron opción. "Claro, tu padre podía, era un Alto Sacerdote casándose con una humana"; o "Satán es un hombre a fin de cuentas, no nos quiere libres y poderosas". Y de repente me explota la cabeza: ¿han hecho de Sabrina, aquel chiste noventero de otra familia alegremente disfuncional, una metáfora sobre las múltiples y liberadoras decisiones que una mujer empezando su camino puede tomar, hoy en día? No solo eso, sino que encima funciona de lujo, con una extrañísima pero refrescante mezcla de tonos e influencias, que van desde la comedia adolescente más inteligente (sí, uh, a los juvenos les pica lo de abajo, pero también quieren cambiar el mundo que les han dejado) al terror más monstruoso e inquietante. Porque, pese a todo lo ligera que pueda ser la vida en casa de los Spellman, se adivina, y a veces se revela, un inframundo regido por el Señor Oscuro bajo la propia realidad, tan causante de burlonas novatadas a chicos muy salidos como de negros augurios sobre un futuro ruinoso y calcinado. Hay peligro en plantar cara a la tradición, quizás porque nadie ha intentado forzar su fragilidad, y ese es un mensaje con el que merece la pena quedarse. Para todo lo demás, pues maldiciones arcanas lanzadas sin cuidado, un trío de pijinas políticamente correctas que ya dan todo el asquito sin poner la "b" en "witch", Satán como el grandísimo jefe cabrón de su propia empresa explotadora, y una fina capa de sarcasmo envilecido, porque los espíritus del otro lado alguna vez disfrutaron de vicios humanos. ¿Quién da más? Tendrá que ser la dulce, brillante y valiente Sabrina Spellman. Aquella para quien la única eternidad que merece la pena es bailando entre sus amigos, al abrigo de sus dieciséis velas, mientras el loco (u escalofriante) mundo de fuera no tiene poder real sobre ella.

Somos la ola

Drama
7.2

Somos la ola Un misterioso compañero arrastra a cuatro adolescentes idealistas a rebelarse contra el auge del fervor nacionalista. Sin embargo, su movimiento da un giro siniestro. Somos la ola Critica Con su película ‘La ola’ (2008), el director Dennis Gansel asombró con una impactante fábula acerca del poder sugestivo de las doctrinas totalitarias. Un profesor de instituto proponía a sus alumnos un experimento social para descubrir los límites y aspectos más destacados de movimientos fascistoides. La propuesta se le fue de las manos, dejando en el camino no pocos interrogantes y azuzando las butacas de los desprevenidos espectadores. Bebiendo de aquella cinta, Netflix estrena ‘Somos la ola’, miniserie de seis capítulos, que cuenta con el propio Gansel como creador y productor ejecutivo. Lo que en la película fluía de manera natural, la serie lo transforma en impostado. El desarrollo de los personajes principales resulta insuficiente, a lomos de unas motivaciones personales epidérmicas, que en algunos casos sucumbe ante lo infantil. ‘Somos la ola’ intercambia la sutileza por la brocha gorda, resintiéndose los elementos dramáticos inherentes a los subtextos. Tristán (Ludwig Simon) es un nuevo alumno en un instituto de una ciudad alemana, en la que la extrema derecha se hace fuerte. Con un pasado complicado, va a ejercer un instantáneo magnetismo con cuatro compañeros de clase. Un musulmán que siente el racismo en sus propias carnes, un atormentado ante la ruina de una forma de vida, una chica acomplejada por las burlas de compañeros y una joven de bien, quizá cansada de moverse entre privilegios y comodidades, se van a convertir en sus conmilitones. Sus reivindicaciones abarcan un amplio abanico de lo que podríamos calificar genéricamente como antisistema. Anticapitalismo, ecologismo primordial, rechazo frente a todo lo que suene a elitista, cierto aire libertino y la identificación inexcusable del enemigo: la extrema derecha alemana. El proceso de radicalización de los protagonistas se deja ingredientes en el camino. No me lo creo. ‘Somos la ola’ deviene en una suerte de travesura juvenil que esconde una venganza cocinada a fuego lento, porque como reflexión política a duras penas roza lo caricaturesco. Su desenlace provoca la risa involuntaria, y lo que es peor, una segunda temporada se cierne amenazante sobre el catálogo de Netflix.

La gran mentira

Crimen Drama Misterio
6.8

El estafador profesional Roy Courtnay no puede creer su suerte cuando conoce a la viuda adinerada Betty McLeish por internet. Sin embargo, a medida que Betty le abre las puertas de su vida y su hogar, Roy se sorprende al sentir que esta mujer le importa mucho más de lo que se podría imaginar. La gran mentira Critica Pocas mentiras tan grandes como el propio cine. Una gran y prospera industria basada en la ficción, en la mentira. Acudimos a una sala pagando una entrada para ver una historia inventada. Y en el colmo de la contradicción salimos contentos si nos engañan bien, si consiguen que la ilusión creada contenga cierta verosimilitud. Esta película comienza con pequeñas mentiras que se intuyen dentro de otras mayores, todas bailando y coqueteando unas con otras, proclamando que los personajes no son lo que parecen. Y así va avanzando agradablemente, en un tono casi de comedia de timadores de guante blanco, con la carismática presencia de sus dos protagonistas principales como mayor reclamo. Pero el guión se vuelve más dramático, va desnudando poco a poco a los personajes, intentando alumbrar la verdad que se esconde detrás de toda la trama. Y cuando por fin sale a relucir, esa cruda verdad se antoja extraña, como si fuera de otra historia, incluso de otro género. Con esa realidad, todo debería ser muy distinto a lo que hemos visto durante la proyección (ver spoilers). Los personajes principales, antes que desenmascarados, antes que aparecer como impostores ante nuestros ojos, se revelan como protagonistas de una historia convenientemente impostada. Se ve bien, mantiene vivo el interés durante todo el metraje, pero resulta inconsistente, con un final demasiado previsible. Es incluso amena la mayor parte del tiempo, pero no alberga ninguna grandeza, ni en sus verdades ni en sus mentiras.

Robin Hood

Acción Aventura Suspense
5.8

Robin Hood Cuando el joven Robin Hood (Taron Egerton) regresa a su hogar, endurecido, tras luchar como guerrero en Las Cruzadas, descubre un reino en el que la corrupción es la moneda de cambio de la corona inglesa. En ese momento, junto a su compañero Little John (Jamie Foxx), toma la decisión de formar una banda de bandidos y liderar una audaz rebelión en la que se enfrentarán al malvado Sheriff de Nottingham (Ben Mendelsohn). Robin Hood Critica     "Erase un film que robaba a las películas buenas para hacer una peli muy mala". Me imagino que los productores de esta obra vieron El Rey Arturo: La Leyenda de la Espada, y les pareció grandiosa, pero demasiado constreñida por el rigor histórico. El director Otto Bathurst, en cambio, no ha cometido ese error; de hecho, ha evitado cuidadosamente cualquier referencia a la Edad Media. Y lo digo en serio. ¿Y cómo han logrado construir un relato sobre Robin Hood con semejante premisa?, te preguntarás. Pues la solución que han encontrado es robar escenas sueltas de películas ambientadas en cualquier época... salvo el Medievo. Para evitar spoilers, me centraré a partir de ahora en el plano estético de la película. Con esa será más que suficiente. La historia arranca en Nottingham (que luego iremos descubriendo que es un New York vagamente feudal), y nos cuenta como se conocen Robin y Marian. Pues bien: toda la secuencia está inspirada en 50 Sombras de Grey. ¿Te duele leerlo? Pues esto acaba de empezar. La acción se traslada después a un Oriente Próximo que NO es el de las cruzadas, sino el de unos guerra de Irak en el que los marines llevan arcos que empuñan como si fuesen ametralladoras, se gritan frases como "No te separes de la unidad", los talibanes se mueven como ninjas mientras disparan flechas que silban como balas y revientan paredes de piedra, y los jefes de unidad lazan bengalas para pedir a la retaguardia un bombardeo de las catapultas. En este tramo de la película aparecen, fugazmente, dos espadas. Y por increíble que parezca, no volveremos a ver ninguna en el resto de la película. Por cierto, que a los soldados de la fe, en Inglaterra, los denominan "reclutas" ("... está usted reclutado...") antes de marchar a la guerra, "veteranos" cuando vuelven, y "soldados" mientras están allí. La palabra "cruzado" no aparece por ninguna parte, no vaya a ser que el espectador, por despiste, se traslade por un momento a la Edad Media. De vuelva a Inglaterra nos encontramos con: Unas minas de carbón (?) que parecen Mordor en un mal día: columnas de fuego, torres que se elevan hasta las estrellas de un cielo oscuro, y gente que pulula harapienta y pálida... menos Marian, que va maquillada como una furcia francesa en todo momento. Allí, entre chabolas de varios pisos, viven los obreros. Y digo "obreros". No "artesanos". El Sheriff de Nottingham, desde el minuto uno, se nota que está al servicio de Lord Vader. Y por si cabía alguna duda, sus soldados son Stormtroopers. Salvo cuando hay protesta obrera, que entonces llevan - literalmente- porras y escudos de anti disturbios, contra los cuales los manifestantes lanzan cócteles molotov. Espadas no llevan nunca, que eso es una cosa muy feudal, y no pega con la película. En este punto hay que decir no han sabido cómo lidiar con la aparición Iglesia, que, siendo una institución feudal que pervive hasta nuestras días prácticamente inmutable, podría haberle dado un aire medieval en algún momento. El director lo soluciona haciendo que los sacerdotes hablen como mafiosos, y trayéndose a un personaje de Juego de Tronos (Varys, "La Araña") para que sea el líder del clero local. Por las noches, los ricos de la ciudad montan orgías salvajes, con alcohol, apuestas en la ruleta, drogas, y tan multi raciales que incluyen a mujeres asiáticas. Las féminas, por cierto, van vestidas para la ocasión. Eso es, unas van de dominatrix, y otras parecen strippers que todavía no se han desnudado del todo. Ojo: no es que en las misas matinales vayan más recatadas. En todo este ambiente se mueve Robin con una doble vida: por el día es el playboy multimillonario Lord Loslie, y por las noches es un oscuro justiciero enmascarado que lucha contra la corrupción de la ciudad. La Mansión Loslie le sirve de batcueva. Llama la atención la presencia de muchos hombres y mujeres de raza negra entre las clases suburbanas. Más que nada, porque la cámara les enfoca muchas veces. Cuota cumplida. No faltan referencias a Matrix y a la saga de videojuegos Assasin´s Creed. Respecto al argumento, es previsible a más no poder. Y en algún momento hay un intento de discurso épico que resulta totalmente fallido.    

El rehén

Acción Drama Suspense
6.2

El rehén Mason Skiles (Jon Hamm) es uno de los diplomáticos más importantes de Estados Unidos que abandonó el Líbano en la década de los 70 tras un trágico incidente. Diez años más tarde, la CIA lo llama de vuelta a un Beirut devastado por la guerra con una misión que sólo él puede cumplir. Mientras tanto, una agente de la CIA (Rosamund Pike) que trabaja encubierta en la embajada estadounidense tiene la tarea de mantener a Skiles con vida y asegurar que la misión sea un éxito. Sin saber quién está de su lado y con vidas en juego, Skiles debe superar todos los obstáculos para exponer la verdad. El rehén Critica Año 1972. Un bienintencionado diplomático estadounidense es víctima de un atentado y el resultado final es el secuestro de su hijo adoptivo, de origen musulmán, y la muerte de su mujer en el fuego cruzado. En esta trama, que abarca el periodo previo de la Guerra del Líbano hasta 1982, se dan cita todos los actores (OLP, Israel, Milicias Cristianas, Siria, CIA, etc…). El escenario se completa con espías, confidentes, agregados culturales, rehenes, pero… y aquí está el problema, con una falta total de contexto. Todas las partes cometen abusos, todos son responsables en mayor o menor medida del desastre, pero en ningún momento se explica, ni por asomo, las causas del conflicto. Está claro que a hora de hacer una película se tiene que obviar parte de la información, se necesita cierta capacidad de síntesis, pero lo que no se debe (al menos en mi opinión) es mostrar las consecuencias de una guerra sin ninguna referencia al origen del conflicto. Como modelo de películas que no eluden estos aspectos están Missing (Costa-Gavras), Syriana (Stephen Gaghan), La guerra de Charlie Wilson (Mike Nichols) o La vida de los otros (Florian Henckel von Donnersmarck) por ejemplo, cuyos argumentos parten de problemas individuales para describir una realidad. Por otra parte, la película está bien hecha y entretiene, aunque, bajo mi punto de vista, va perdiendo fuerza conforme se aproxima el desenlace. El título de la crítica tiene su razón de ser en el apartado Spoiler.