Call Me by Your Name

Call Me by Your Name
8.3
Call Me by Your Name Elio Perlman (Timothée Chalamet), un joven de 17 años, pasa el cálido y soleado verano de 1983 en la casa de campo de sus padres en el norte de Italia. Se pasa el tiempo holgazaneando, escuchando música, leyendo libros y nadando hasta que un día el nuevo ayudante americano de su padre llega a la gran villa. Oliver (Armie Hammer) es encantador y, como Elio, tiene raíces judías; también es joven, seguro de sí mismo y atractivo. Al principio Elio se muestra algo frío y distante hacia el joven, pero pronto ambos empiezan a salir juntos de excursión y, conforme el verano avanza, la atracción mutua de la pareja se hace más intensa. Call Me by Your Name Critica Vamos a jugar a una cosa: vamos a hacer que no sabemos nada de las nominaciones y premios de esta película, que nadie ha leído ninguna crítica antes de verla ni se ha empapado de opniones creadas. Vamos a jugar a que la vemos "vírgenes", atraídos por su trailer , o por el nombre de James Ivory tras el guión (como me ocurrió a mi), o por un par de datos más que pueden llamar tu atención sobre ella...sin más información. Ya sé que es difícil, pero vamos a intentarlo. "Call me by your name" ("llámame por tu nombre" en español, que no sé por qué narices no lo han traducido), pretende ser una película sobre el despertar sexual, el primer amor, el amor prohibido, la aceptación, el deseo, la seducción, los convencionalismos, la sensualidad y la represión. Una propuesta ambiciosa para una película aparentemente sencilla., Digo "pretende", porque al final (siempre desde mi punto de vista) se queda en una fantasía homoerótica burguesa bastante simplona: - En la fantasía de un adolescente sin más preocupaciones que decidir qué libro leer, o si tirarse a un melocotón, a la francesita liberal que veranea en su mismo pueblo idealizado, o al profesor buenorro que sus padres acogen en su palacete veraniego de la Toscana para ayudarles en sus investigaciones arqueológicas....Todo muy de andar por casa, vamos. - Y también en la fantasía de un madurito despampanante que ve la oportunidad dar rienda suelta a sus pasiones ocultas, de quemar su último cartucho, desde una posición de poder, antes de ceder definitivamente a una vida convencional y aburguesarse irremediablemente. Una especie de "Lolita" gay en la Toscana, pasada por el tamiz moralizante de Disney, o peor, de Dreamworks. Una historia mil veces contada (como todas), que se nos intenta vender como si fuese el último gran triunfo del cine anticomercial frente al todopoderoso y perverso cine comercial. David frente a Goliath, el bien frente al mal. Gran trampa, pues estamos ante una cuidada labor de marketing y promoción, para un tipo de público muy sensible a ese tipo de promoción y marketing camuflados, que nos vende un producto manufacturado , como si fuese una obra de artesanía (que no de arte). Si el gran atractivo , para mí, de esta película era el guión de James Ivory, ni siquiera eso consigue convencerme. Su narración se pierde en miles de detalles meramente estéticos que no hacen sino ralentizarla. Entre plano y plano de paisajes, o de rincones hermosos o de una mosca que pasaba por allí, avanzan a trompicones y con lagunas imperdonables las relaciones entre los protagonistas y entre éstos y el resto de personajes. Un guión quizás en demasía literario. Uno de esos casos en que 100 minutos son mejor que 130. Apenas consigue rascar la superficie de los sentimientos, de los temores o los deseos de los personajes. Coloca al espectador en posición de mero "voayeur", en vez de hacerle partícipe. Desperdicia el gran potencial erótico y sensual de la historia y de cada encuentro con agotadores alardes de esteticismo. La cámara se empeña en demasía en que nos enamoremos del jovenzuelo Timothée Chalamet (al que no hay nada que reprochar), desaprovechando e incluso dejando sin sentido (por esas lagunas de que hablaba) la sólida interpretación de Armie Hammer. Sí que le regala a Michael Stuhlbarg esa confesión imposible, y un poco Disney, que para mí es la mejor escena de la película y con la que se debería haber cerrado. Pero una vez más se empeñan en alargar la historia sin sentido y darnos dos finales que por separado podrían funcionar, pero consecutivamente restan más que sumar. No, no hay riesgo, no hay sorpresa, no hay novedad, no hay maestría, no hay nostalgia ni tampoco hay verdad. "Call me by your name" no consigue traspasar la barrera de la emoción y se queda en mero entretenimiento, banal y esteticista con muchas pretensiones. No molesta, no incomoda, no enfada y ni siquiera aburre. No provoca rubor, ni deseo, ni rechazo, ni empatía. No, no nos cuenta una historia universal de manera personal. Sólo se esfuerza demasiado en parecer que lo hace. No me parece, en definitiva, una gran película, y ni siquiera me parece que sea mala. Es casi , lo peor que se puede ser: una película sin más. Una de tantas. Una que en breve ni recordaré.
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El niño que domó el viento Un chico de la República de Malaui decide ayudar a las personas de su pueblo construyendo una turbina después de leer un libro en el que se explican los pasos para su creación. Película basada en el libro homónimo de William Kamkwamba y Bryan Mealer El niño que domó el viento Critica     Malawi, ex-colonia británica desde el 1964, es un país al sureste de Africa, largo como una espiga de trigo y bañado en una gran parte por el lago de igual nombre. Winbe, el poblado donde se desarrolla el film, es tan solo un espejismo de lo anterior a demasiados kilómetros de ese oasis. El país tiene una economía de subsistencia: agricultura y pesca. Negros, y unos pocos blancos, co-habitan en armonía. No tiene metales estratégicos, ni diamantes, por lo que no hay motivos para que las potencias del mundo se lo peleen a través de guerrillas. Todo lo contrario. Es un país pacífico, que incluso goza de una democracia. Se diría que su principal enemigo son la fuerzas de la naturaleza. A finales de los 80 visité el país. Recuerdo que todas las chicas blancas deseaban casarse con un ingeniero en tabaco, la economía más pujante, pues el país no ofrecía mucho más futuro, a no ser que quisieran emigrar a las islas británicas. En una visita a un empresario negro del sector pesquero, apareció un chico joven que llevaba las finanzas de la empresa. Delante de él, y los blancos que estábamos de visita, lo aduló, señalándole como un chico muy inteligente. El William de la película. Los hechos del film ocurren en el 2001, y aún en la distancia de los años, me recordó mucho a esa sociedad que se debate entre el pasado ancestral y la modernidad, entre el mundo de los ancianos jerarcas que velan por su pueblo y los políticos que solo ansían los votos del pueblo. El drama de la historia real se rebela en el conflicto entre el padre obstinado por seguir la cultura aprendida de generación en generación y el hijo que quiere aferrase a la ciencia para solucionar los problemas de la comunidad. En ese conflicto las mujeres tienen un factor gravitante, catalizando los cambios: la hermana huyendo de la hambruna, rompiendo la leyes del casamiento; y la esposa finalmente poniéndose al lado del hijo quien, perseverante como su padre, prefiere la senda de un camino con mejores augurios. Nos acompañan durante la película los brujos de la vieja cultura, los que ya están en pleno proceso de desintegrase por la modernidad (la cara de muñeco), y que funcionan como una mera comparsa, pues durante la sequía son incapaces de dar soluciones. La película no deja de ser un llamado de atención a las autoridades del mundo para denunciar que, con muy poco, se pueden salvar muchas vidas en Africa.

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Wonderstruck: El museo de las maravillas Ben y Rose son niños de dos épocas distintas, que desean en secreto que sus vidas sean diferentes. Ben sueña con el padre que nunca conoció, mientras Rose lo hace con una misteriosa actriz cuya vida narra en un libro de recuerdos. Cuando Ben descubre una pista en casa y Rose lee un tentador titular en el periódico, ambos comienzan una búsqueda que se desarrollará con una fascinante simetría. Wonderstruck: El museo de las maravillas Critica Cualquiera que conozca la filmografía de Todd Haynes no la describirá precisamente como accesible. Su magistral último trabajo, “Carol” (2015), sobre un romance lésbico en la década de los 50, no fue exactamente una película para todos los públicos. Ello no tiene nada que ver con la calidad de sus películas, todo lo contrario, posiblemente estemos ante uno de los mejores realizadores contemporáneos, sino por la complejidad de sus temáticas y contenidos. En cambio, con Wonderstruck, posiblemente estemos ante una excepcionalidad en su obra, un cuento de hadas moderno, dirigida tanto a mayores como a jóvenes, ideal para verla en familia. Aunque el libro de Selznick presenta personajes infantiles, y estaba dirigido en un inicio al público más joven, en el fondo conecta con los lectores de todas las edades. Con Wonderstruck sentimos que Haynes apunta en la misma dirección, continua con el mismo enfoque y no se dirige exclusivamente a un público infantil. Wonderstruck es una película sobre la vida, el cine y los museos. Utiliza la luz, el sonido, el montaje, la puesta en escena y los decorados para retratar las misiones profundamente sentidas de dos niños: Ben y Rose. Ambos poseen la misma edad y dificultades (son sordos) para encontrar a sus respectivos padres. Ben y Rose no se sienten realizados en sus lugares y sueñan con otra vida. Ambos deciden ir a Nueva York y tomar el mismo camino. Las dos lineas narrativas se describen en paralelo a la espera de que ambas confluyan en un mismo punto y nos de respuesta a las intrigas planteadas de inicio. La aparición de Millient Simmonds en su debut en la gran pantalla, es un maravillosa sorpresa y un gran descubrimiento. Tras una mirada conmovedora y unos gestos equilibrados, sentimos y notamos de manera natural todas sus emociones. El otro protagonista infantil, Oakes Fegley, en cambio, pese a su corta edad, es ya un veterano. Todos le recordaremos por su actuación en “Peter y el Dragón” (2016). Sobre las películas de Tod Haynes, independientemente de que puedan estar mejor o peor, lo único que puede asegurarse siempre es que el diseño de producción será perfecto y Wonderstruck no es una excepción. El diseñador Mark Friedberg (The Amazing Spider-Man 2) recrea dos épocas totalmente diferentes de Nueva York con un toque magistral. Es una autentico gozo y placer observar la profundidad y minuciosidad con que están filmados todos los detalles de cada periodo. Como nos tiene siempre acostumbrados, Tod Haynes ha conseguido nuevamente en Wonderstruck mostrarnos su especie de marca registrada: Realizar una película pensando hasta el mínimo detalle. Junto a su Director de Fotografía Ed Lachman, usan una sorprendente combinación de películas Kodak de 35 mm en blanco y negro, con otras en color, para dar a las dos líneas narrativas desarrolladas en la trama una autenticidad y una belleza única. La ciudad de Nueva York de los años 20 que habita Rose, además de la magnífica fotografía, va acompañado de un impresionante diseño de vestuario, decorados y escenografías que consiguen mágicamente transportar y trasladar a los espectadores a otra era. Desde la ropa de la gente hasta los carruajes de la época mantienen nuestros sentidos absortos ante la magnitud del espectáculo ofrecido por Haynes, donde todo está recreado a la perfección. La fotografía en blanco y negro aumenta la sensación de realismo, del mismo modo que la inexistencia de sonido crea la impresión de estar viendo una película muda. El mundo de Ben en la década de los 70, psicodélico, funky y saturado contrasta con el de Rose en Blanco y negro, silencioso, entusiasta y envolvente. Ed Lachman recrea estos años con colores naranjas quemados. Al igual que en la época de Rose, las calles llenas de gente por las que deambula Ben están minuciosamente realizadas tanto en decorados como vestuarios. Ademas, Tod Haynes, emplea aquí canciones como “Space Oddity” de David Bowie o “Fox On The Run” de Sweet para conseguir mayor efecto y autenticidad. Al igual que en las películas mudas, la partitura tiene un peso relevante en el resultado final, y por la magnífica utilización de la música en cada una de las escenas, brilla el excelente trabajo de Carter Burwell con el que ya colaboró Haynes en “Carol“. Su música evoca sentimientos y emociones sin llegar a ser nunca manipulador. Wonderstruck realiza un bello homenaje al cine mudo, a esa transición hacía el cine sonoro. Una película mágica que consigue trasladar al espectador, como si de una máquina del tiempo se tratara, a otras épocas (los años 20 del cine mudo y la época funky de los 70), gracias a una espectacular ambientación con una minuciosa realización donde se cuida el más mínimo detalle.

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8.3

Green Book Años 60. Cuando Tony Lip (Viggo Mortensen), un rudo italoamericano del Bronx, es contratado como chófer del virtuoso pianista negro Don Shirley (Mahershala Ali), durante una gira de conciertos por el Sur de Estados Unidos, deberá confiar en "El libro verde", una guía de los pocos establecimientos seguros para los afroamericanos, para encontrar alojamiento. Son dos personas que tendrán que hacer frente al racismo y los prejuicios, pero a las que la bondad y el sentido del humor unirán, obligándoles a dejar de lado las diferencias para sobrevivir y prosperar en el viaje de su vida. Green Book Critica   "Paseando a Miss Daisy", Bruce Beresford (1989) cuenta la historia de una autoritaria profesora jubilada al que su hijo contrata a un chófer negro para que la lleve de paseo. Esta bonita (si, he dicho bonita) película es como "Driving Miss Daisy" pero al revés, una emotiva historia sobre un chofer blanco y su jefe negro. El chofer es Tony Lip (Viggo Mortensen), un rudo italoamericano del Bronx, su jefe, nada mas y nada menos que el virtuoso pianista negro Don Shirley (Mahershala Ali), toda una eminencia. Tom Shirley grabó muchos álbumes para la compañía discográfica estadounidense Cadence durante los años 50 y 60, experimentando con el jazz con una influencia clásica. Y si, estamos ante una historia real. Hay películas que están confinadas a convertirse en clásicos y esta es una de ellas. Al igual que el año pasado se estrenó "Tres anuncios en las afueras", Martin McDonagh (2017) (también destinada convertirse en clásico) llegaron para quedarse y arrasar en las galas de premios (aunque la película de McDonagh no se llevó el Oscar a la mejor película). Esta película lo tiene todo para arrasar y llevarse todos los premios a casa y con eso no estoy diciendo que haya sido creada para ello, ojo, es muy distinto. "Green Book" es un término que hace referencia a las guías de viaje que indicaba a los ciudadanos negros en qué alojamientos de los estados sureño podían pasar la noche, la película es una alegato en contra del racismo, sientes rabia e impotencia al ver lo que puede llegar a pasar el músico interpretado por Mahershala Ali por el simple hecho de ser negro. La bondad y el sentido del humor unirán a los dos personajes, obligándolos a dejar de lado las diferencias para sobrevivir y prosperar en el viaje de su vida. Y es que la película es una encantadora mezcolanza de buenos sentimientos, es una película que no decae en ningún momento, no recurre a trucos fáciles, y hablando de fácil, tampoco recurre como puede pasar en este tipo de películas en caer en la sensiblería para conseguir la lagrima facil. tiene un inspiradísimo sentido del humor por supuesto, un poco, porque no puede faltar dado lo que está contando de meter los conflictos raciales. Hay tantos temas que explorar en "Green Book", la película no solo habla de racismo, uno de ellos, que me parece fascinante, es ¿hasta donde puedes llegar debido a tu talento?, ¿Qué valor le da a este la sociedad? ¿Te quedas (por mis santos cojones) en un sitio donde no quieren que estés? no solo Dr. Don Shirley pasó por eso, también Nat King Cole o Ray Charles, y no hablamos de que les pasara en los inicios de sus carreras no, hablamos que les pasó siendo ya estrellas consagradas. Una de las cosas por las que esta película funciona como un reloj suizo es desde luego por sus interpretaciones, Mahershala que ya conocíamos sus dotes interpretativas por "Moonlight", película que le hizo ganar un Oscar al mejor secundario, es un deleite, sin la menor duda. Lo admiras, lo odias, lo amas y te rompe el corazón, genial que lo hayan nominado por su actuación a los Globos de Oro. También ha sido nominado como cabía de esperar Mortensen, es una maravilla lo que consigue el gran actor con su Tony the Lip es, desde luego legendario. La gran sorpresa para mi de la película no ha llegado con los actores y con sus interpretaciones no, la gran (que digo gran... grandísima) sorpresa ha llegado al saber quien era el director del film, cuando veía la película y salían los títulos de credito, al leer "directed by Peter Farrelly", lo primero que se me ha pasado por la cabeza es, no, no puede ser el mismo Peter Farrelly que dirigió junto a su hermano Bobby Farrelly "Algo pasa con Mary". "Yo, yo mismo e Irene", "Vaya par de idiotas" o "Dos tontos muy tontos", en mi cabeza no entraba un cambio tan radical, pensaba, oye pues lo mismo hay otro director llamado Peter Farrelly y yo no me he enterado, y no, no me he equivocado, es el mismo Farrelly.